jueves, 22 de noviembre de 2012

Va a ser que no

Cada poco salen en la tele noticias de críos y adolescentes que no lo pueden soportar más y sucumben ante el ciber-acoso, la plaga de los débiles del siglo XXI.

Siempre me acuerdo de cuando iba al colegio y de cómo fui capaz de soportar lo que a mi me tocó de esa lacra social, porque el hecho de pensar distinto y ser distinto, siempre ha sido un barrera para las relaciones sociales, sobre todo cuando se te obliga a relacionarte con un grupúsculo de gente que no tiene dos dedos de sentido y que como no eres como la mayoría, parece ser que no debes existir.

Unos se transforman en la misma mierda que los rodea.
Otros seguimos adelante con traumas para el resto de nuestra vida.
Algunos más, simplemente no pueden más y terminan con su vida para dejar de sufrir.

Pasan los años y te das cuenta de que la vida sigue siendo exactamente igual que cuando uno es pequeño: esta la masa borreguil y están los que piensan distinto y los que son distintos.

Puede que la masa adore a alguno de los que piensan distinto y lo transforman en un ídolo de masas pero lo más normal es que en las minimasas que rodean el entorno de cada persona, siempre haya una micromasa sobressaliente que un día decida que el distinto "no debe vivir". Esa persona o micromasa  comienza a hacerle la vida imposible al distinto y va minando toda la masa que tiene a su alrededor hasta tal punto que el rebaño, influido por una sola persona, realiza tal campaña de desgaste al distinto que no le queda otra más que reventar.

En el trabajo lo llaman acoso laboral, en los estudios "bulling" y yo lo vengo llamando "hijoputismo sumo" de toda la vida, porque siempre lo hubo y siempre lo habrá.

La gracia es que hay como una extraña pérdida de identidad que lleva a alguien a creerse más que los demás y un buen día actúa. De repente, ataca sin más, sin motivo...

Si el contrario es débil, puede actuar con tal devastación que no quedará nada del otro, pero si el contrario tiene callos de bregar con hijos de puta la cosa cambia.

Lo más gracioso de todo es que no nos damos cuenta de que no tenemos por qué aguantar los abusos de nadie, sean del tipo que sean: ni físicos, ni psicológicos. Ni un golpe, ni una salida de tono.

¿Que el otro se levantó un día con el pie izquierdo y te cruzaste en su camino? Pues no somos sacos de boxeo para recibir hostias, así que si quieren desahogar su ira de alguna manera mejor se toman cuatro copas, se pegan un tiro o echan un polvo, que si folláramos más, joderíamos menos.

Y así, he llegado a la conclusión de que ni quiero  ni tengo por qué aguantar las gilipolleces de nadie, de la misma manera que nadie tiene que aguantar las mías si no le apetece.

Viendo como cambian los tiempos y la pila de tonterías que se difunden en las redes sociales, dejo la mía. Si os gusta, sois libres de compartirla y si alguien se ofende, hablando mal y en plata: "me la suda".


Por cierto, que dejo el hilo abierto a comentarios por si alguien quiere ponerme a parir. 

Ya paso de vez en cuando a tirar unos cacahuetes :-*



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1 Comments:

Anonymous Rosa said...

Hola, Ana:

Estoy totalmente de acuerdo con lo que suscribes.
Toda la vida han existido tipos y tipas de mierda que se creen superiores a los demás y con derecho a pisotear a los que ellos consideran "débiles" o "diferentes". Los que van con el ego inflado por la vida, en realidad son unos pobres diablos con un complejo de inferioridad sobredimensionado.

Los "distintos", que utilizan su cabeza para algo más que lucir melena o calva, son "peligrosos" para la borregada porque pueden convertirse en subversivos y el sistema no permite que nadie se salga del redil trazado.

Pero como a cada puerco le llega su san martín, es de esperar que semejantes bordes encontrarán a la horma de su zapato o simplemente la vida les dará un zarpazo que los pondrá en su sitio.

Por cierto, yo nunca he tenido cuenta ni pienso tenerla en "feisbuk" y la verdad es que vivo la mar de tranquila.

Besotes.

12 de diciembre de 2012, 18:50  

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