lunes, 27 de agosto de 2012

Afán de complacencia

Cuando me aburro, miro alrededor a ver qué es lo que pasa y hay veces que descubres cosas cuanto menos curiosas.

Por ejemplo, en la piscina.
En un grupo de un montón de personas se pueden descubrir una serie de actitudes enorme.

Está la persona que hace lo que puede, la que anima a los demás, la que es más que los demás, la que fuerza a los demás a hacer lo que ella misma no puede, la que pasa de todo...

Como en la vida, en un grupo medianamente grande, siempre aparecen actitudes de lo más variado.

La más curiosa de todas es la del complaciente.
Ante un cambio, la actitud del complaciente es siempre la misma: la del grupo o la de la parte del grupo con la que más contacto tenga.
Si el cambio llega en forma de persona que "manda", como por ejemplo la monitora del ejercicio, el complaciente adula al cambio. Tanto que es capaz de romperse la crisma con tal de lograr una sonrisa del que manda.

Debo de tener los genes revolucionarios muy fuertes pero no me lo lleva, y para variar, miro los toros desde la barrera.

La cosa es que la nueva monitora de la piscina es un poco sádica. Bastante, en realidad, y le da igual que la media de edad del grupo ronde los 65 y el peso medio los 100 kilos: con gente así, lo que no puedes pretender es que actúen como superdeportistas, digo yo, por lo que el ritmo debería de ser el adecuado al grupo.
Por un lado porque puedes lesionar a alguien y por el otro porque corres el riesgo de acabar con las ganas de la gente que va, que no es precisamente para ganar una medalla de oro ni por ser el primero de ninguna competición.

Digo yo que menos mal que le quedan tres telediarios a esta monitoria de sustitución porque si no, la de complacencia perpetua va a morir intentando ser "la más mejor". Al menos el esguince no se lo quita nadie.

Qué cosas tan raras. ¿Qué nos llevará a actuar así aunque no podamos más? Porque intentar complacer a alguien a quien conoces desde hace tiempo y que sepas que se lo merece y además lo va a agradecer, lo comprendo, pero esto...

En fin, que yo seguiré haciéndome la despistada y haciendo lo que pueda para no morir en el intento.

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3 Comments:

Anonymous Rosa said...

Lo que lleva a las personas a actuar como complacientes o más bien felpudos es la falta de autoestima.
Bien cierto que es que la vid,a, en todos sus ámbitos es como un teatro, en el que se repiten los personajes con distintas caras y nombres.
Besotes
Rosa

28 de agosto de 2012, 11:36  
Blogger Hiroshige said...

Ya te digo que es cosa de autoestima. Esta señora es un auténtico encanto por si misma, pero no sé por qué actúa así, si apetece quererla con sólo conocerla.
Muy mal debió de tratarla la vida :-(

28 de agosto de 2012, 11:39  
Anonymous Rosa said...

Pobre señora... Suele pasar que muchas veces las personas con baja autoestima suelen ser bellísimas personas y muy válidas pero ellas mismas no se reconocen así y si a su inseguridad le sumamos que la vida las haya maltratado, ya tenemos el cóctel perfecto para que acaben siendo complacientes con todo el mundo menos con ellas mismas. Y ya no te cuento si caen en las redes de un@ malnacid@, entonces se convierten en las víctimas perfectas.

28 de agosto de 2012, 22:48  

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