lunes, 26 de febrero de 2007

Hellboy mora bajo el nido

¡Qué guapos son los niños! Cierta afirmación si precisamos: los de los demás. Cada día me da más pánico el hecho de pensar un día tener uno propio, pero está claro que es la educación la que convierte a un niño en un monstruo o en un encanto. De tal palo, tal palillo. Cuando comencé el semitraslado a la casa de la costilla, me apercibí que no estábamos sólos: una presencia terrible sacudía nuestro descanso con terribles alaridos, golpes y gemidos. ¡Dios!¡Un poltergeist! Pues va a ser que no: una dulce criatura, cuando duerme. No tenía nada claro de donde procedía el estruendo pero parecía venir de nuestro pasillo, aunque allí no había nadie. Dicha criatura se levanta a las 7 de la mañana en los días de diario para comenzar a corretear por el pasillo cual animalín de feria de ganado de gran tamaño y los hostiazos, carreras y demás orquestación de sus movimientos son perceptibles incluso en el bamboleo de la lámpara. A las 8 se acompaña instrumentalmente de otros alaridos de un alma más en pena que la suya misma: "¡Meteteeee en laaaaa ducccchaaaa!¡Ya es la horaaaa y estássssss así!". La madre. Terrible alma en pena. A las 8'45 cesa el poltergeist y comienza el dolor: la madre pone la tele o la radio a tal volumen que retornan las oscilaciones lampariles. Bueno, aceptamos ruidos a las 8'45 un día de diario. Pero llegado el fin de semana... la situación empeora con creces: la criatura se manifiesta a las 9 a más tardar, sea sábado o domingo, y comienza su actividad habitual de correteos y reforma de su hogar a base de hostias. A las 10 se le une el otro fenómeno: "¡Que te laves de una vez!¡Vamos a llegar tarde!" hasta que a las 11 suele cesar la actividad para retomar el habitual carnaval a la hora de comer. Como llueva, la jodimos, porque no pueden soltarlo a pacer a la calle y entonces el guaje, que debe ser adicto a los videojuegos no sale de casa. El otro día era algo tal que: (madre:)"¡Cuando te dije que estabas castigado sin consola, quería decir que no jugarías aquí con la tuya ni con la de ningún amigo, así que deja eso!" a lo cual hay que reconocer que como decía House en aquel capítulo donde el niño se metía una secuencia de figuritas en la nariz que "es listo el cabrón". A veces, entra en escena una tercera manifestación: el padre, y con él aparece la crispación desesperante de haber creado un monstruo y no saber cómo dominarlo porque es cosa de la madre el educar un hijo, aunque eso se puede trasladar al profesor... -mejor no hablar del tema-. Este sábado descubrí que estos entes moran bajo nosotros y me quedó claro que el niño -9 años la criatura- no tiene la culpa de ser así y tenerlo atado cual Hanibal Lecter con el bozal incluido no es la solución porque los críos son críos y tienen que jugar. La culpa es de los padres, que si están salvajes, nunca se les podrá exigir que eduquen a sus hijos cuando a ellos les falta media garcillada -la sesión de comida amigo-familiar del domingo pasado en la cual, ellos abajo-nosotros arriba, nos enteramos de absolutamente toda su conversación gracias a las voces que pegaban cuando intentábamos ver una película, lo confirmó-. Y yo con cuidadín de no molestar con los tacones... Jé. Por ello hemos decido bautizar cariñosamente a la bestia pequeña como Hellboy, por similitudes con el Hellboy pequeñito del principio de la película homónima.

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lunes, 15 de octubre de 2007

Tanguy, qué hacemos con Hiro

Dicen algunas de esas estadísticas y encuestas que todos conocemos pero que a nadie nos han preguntado ni sabemos de dónde sacan los datos, que el hijo medio españolo se va de casa a la tierna edad de los treinta y tantos. No porque el quiera, claramente, pero los motivos no se suelen mostrar en esas recopilaciones de datos. Craso error dejar que esto pase: el abandono del nido a esas edades es traumático de c*jones.

Este fin de semana me tocó a mi y la vida, una vez más, vuelve a ser irónica conmigo.

La semana pasada o la anterior, vi en la dos una peli que mis padres se empeñaban en que viese. Cine francés, de ese difícil de ver y más aun de digerir salvo pequeñas excepciones. La cuestión es que por lo que contaban era la historia de unos padres que, con el nene en la frontera de los 30, aplicando la excusa de no irse de casa por estar realizando la tesis, sufrían el síndrome del "nido sobrelleno". Vamos que alguien sobraba en aquella casa y no eran los progenitores. Así, que los padres, muy azarosos ellos, se dedicaban a hacerle putadas el chaval para ver si por esas se iba de casa...

Creía reconocer en la imagen del chaval a ciertos conocidos de los de "no los echan sus padres de casa en la puta vida", incauta de mi. Cuando vi la peli, me sorprendí pensando que no eran ciertos conocidos, era yo misma -j*der que trauma- quien no había manera de echar de casa -no porque ellos quisieran largarme, si no porque no quería salir-.
Absolutamente todo el argumento de la película, en lo referente a lo que le pasa al chaval, es real como la vida misma y ahí recae la ironía de los hechos.

Te pones a meter las cosas en cajas y descubres que tienes mucha más mierda acumulada que donde la fabrican. Tus padres entran y salen de la habitación meneando la cabeza...

Sigues recogiendo y lo trasladas al nuevo destino, donde no sabes dónde poner nada. ¡Ay que vida más triste! Toda una casa aparentemente nueva y pretendidamente semivacía y no sabes dónde meter tus cosas...

Y ahí es donde surge el primer punto de la película: comienza a faltarte el aire y pese a las muchas bocanadas que des, sólo pareces un pez fuera del agua luchando por respirar, con sentimiento de angustia profunda y ganas de retornar. Ataque de casitis paterna agudo. Llamas por teléfono y -¡otra vez!- sucede el segundo punto de la peli:

- Hola hija

- Mamá, no puedo respirar :'(


- Bueno, eso es normal, se te pasará pronto...
-cuelga.

Y te quedas con una cara de imbécil tamaño familiar por dos motivos: fuiste tú quien se fue y... ¿no crees que ya no tienes edad para tener una pataleta? Entonces te da la risa, pero ese sentimiento de no saber a qué lugar perteneces sigue ahí agazapado. Esperando a atacar. Media hora después llamas de nuevo

- Hola hija...

- Mamá, no puedo respirar :'(

- ... -¿Deja de joder ya, hija?
<- decía el padre del protagonista cuando este le llamaba por segunda vez-. En fin. Tres o cuatro horas después con -increíblemente- todo recogido el ataque parece atenuado, pero la sensación caótica... Y la del cambio, que es la peor de todas hasta que te haces a la situación... Han cambiado muuuchas cosas: mi sitio -ése con la forma de mi culo de tanto usarlo, y es que no sé dónde ponerme... El teléfono -cada vez que llamo a casa, el teléfono ni suena y responde una voz masculina que antes era impensable escuchar al aparato-... El ruido -de Hellboy al de afuera, que en la Ciudad de los Felechos es increíble-...

Sólo una de esas cosas curiosas más que nos pasan sin saber muy bien por qué. A algunos sus progenitores los dejan irse de casa con una mano delante y otra detrás, a otros los cargan con una "dote" increíble... y a mi, en pleno arrebato de recogida y empaquetado, uno de mis progenitores se acercó con un paquete en la mano y me dijo:

- Llévatelos.

- :-? -desenvuelves el paquete-.

- Así le gustan a Morfeo.

- JoOOOOOOooo - :'(


Yo lo comprendo: estaba confundido. Pero no acabo de entender lo de los plátanos y que encima no sean para mi... Coño, que soy yo quien se va, no el otro que ya está "ido" x-D

Debe ser por esos pequeños fallos en matrix por lo que los queremos tanto...

Menos mal que la vida es irónica. Si no, no sonreiríamos nunca ;-)

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viernes, 4 de enero de 2008

Queridos reyes magos:

Ya sé que ni sois reyes ni magos ni yo católica, pero visto el incidente del año pasado con la lata de espárragos -que sin lugar a dudas cuando la abrí meses después del berrinche estaban cojonudos como rezaba la etiqueta- voy a optar por hacer lo que no hice demasiado últimamente: escribiros una carta.

No pido demasiado, sólo tres cosas. La primera es que me toque la lotería una sola vez pero que me dé para comprar una casa para mi madre con calefacción de hilo radiante bajo el suelo a ver si le calientan los pies de una vez y dejo de asustarme cada vez que me enseña esa cosa que le sale del frío (si alcanza para otra casa para mi en algún lugar que quede aislado con la primera nevada del año, mejor). La segunda es que le crezcan los testícul*s de una puñetera vez a Hellboy para que no me despierte a las 8 de la mañana cantando a grito pelado los días que está animado con esa voz de pito, que hasta a Hito le da dolor de oídos. Y la tercera era un machote tipo Vin Diesel o similar, pero de esta puedo prescindir ya que el que tengo no es ni siquiera similar pero como que lo quiero mucho y eso, no importa demasiado.

Por otro lado, yo sé que sois prácticos ante todo y voy a intentar no asustarme con lo que venga. Carbón no me dejéis, no seáis cabrones que ya no tengo cocina donde utilizarlo y va a ser una putada muy grande teniendo en cuenta lo que la echo de menos.
Y bueno, creo que no tengo nada más que pediros... que todo siga como hasta ahora, la paz en el mundo... todas esas cosas que como las pide todo el mundo... ¿o no?

Así que, como vosotros no me gustáis demasiado y yo parece que tampoco a vosotros, pues vamos a dejarlo en un simple y mero formalismo y dar la carta por concluida.

A ser buenos y mirar a ver si hacéis las paces con Santa que si no, os veo jodidos para que os dejen algo en navidad.

Ala, besinos.

Firma: Hiro Buena Pieza -casi todo el año-.

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domingo, 28 de septiembre de 2008

Hellboy 2: El Ejército Dorado

¡Qué gran película! No podía ser menos de este gran director y lo único que puedo decir es que hay que verla en el cine (y esperar a que no te corten el formato panorámico como nos pasó a nosotros).

Por cierto, la cara más familiar del Niño del Infierno, promete una tercera parte muy, MUY, entretenida cuando menos x-D

Y la nota curiosa: la banda sonora se basa en un grupo asturiano llamado Brenga Astur y una canción titulada "Nel Caminu la Ponte". ¡Qué buenos!

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