jueves, 28 de octubre de 2010

Über Ossis und Wessis

Gestern endete ich das Buch, das "Olli aus Ossiland" betitelt.
Ich muss sagen, dass ich oftmals das Thema der berliner Mauer gehoren hat, aber nie suche ich, wo Berlin in der Landkarte liegt.
Deshalb habe ich immer gedacht, dass Berlin im Mittel der Grenze war. Aber diese Idee ist nicht war.

Dieses Buch und eine Zeitschrift über den Zwanzige Jahre der Vereinigung haben mir gezeigt, wie die Situation in Deutschland war, wenn dieses Land zwei verschiede Länder war, und wie die Leute dort leben.

Es ist ein kleines Buch, aber sehr informativ. Mir gefällt es, merh über dieses Thema zu lessen.


Ayer terminé de leer "Olli de la tierra de los Ossis". Tengo que decir que había oído mucho sobre el tema del muro de Berlín y siempre pensé que dicho muro partía la ciudad a la mitad porque dicha ciudad se encontraba en medio de la frontera, lo cual no es cierto.

Este libro y una revista sobre los 20 años de la reunificación alemana me han demostrado cómo era la situación en la zona cuando Alemania era dos países distintos y cómo vivía allí la gente.

Es un libro muy pequeño pero muy informativo. me gustaría leer más sobre el tema.

Etiquetas: , , ,

sábado, 19 de septiembre de 2009

Hilos en el suelo

Hace un montón de años contemplaba cómo aquella mujer vivía pegada a una máquina día y noche arreglándoselas para cuidar de una familia.
De aquella máquina salían costosas maravillas. Costosas no sólo por lo que valían económicamente hablando si no también por el sudor, el tiempo y la vida que se llevaba de aquella mujer.
Poco después descubriría que no sólo se llevaría eso aquella máquina si no también parte de su salud.

No estaba bien. Nunca los estuvo. Bueno, tal vez aquellos primeros meses de su vida, antes de la llegada del virus. Luego, nunca pudo desarrollar su vida como una persona más. Siempre sería diferente, viviendo a través de sus manos lo que otros vivían en todo su cuerpo.

Mujeres entraban y salían de aquella casa y los días pasaban, las horas pasaban, las arduas noches de trabajo pasaban. Una salían felices con sus ropajes nuevos en las manos. Otras, indecisas, hacían que el trabajo fuera interminable gracias a falta de capacidad para decidir sus propios gustos.

Y la miraba desde la puerta de aquella pequeña habitación, siendo siempre la eterna mujer pegada a unas tijeras y una máquina, a una caja de alfileres y un dedal. Mientras tanto, el suelo se prendaba de hilos cada día, despejándose de los mismos a la hora de la cena, pero en toda la casa, los vestigios de su presencia aparecían por donde quiera que se mirara: restos de recortes de tela, de hilvanes, de espuma de unas hombreras excesivamente grandes... todos ellos eran eternos moradores de aquella vivienda, a veces taller, en la que de vez en cuando aparecían verdaderos tesoros en forma de telas caras que rara vez se veían y cuyos restos quedaban pululando por los cajones maravillosos donde aquella mujer guardaba los restos de sus obras.

Años después encontré un recorte de una revista perdido en un libro. En letras grandes en su titular quería decir algo tal que "los hijos de los mineros se buscaban el pan fuera de la mina". A su lado aparecía la fotografía de dos mujeres en una estancia de esas de los años 60 donde dibujos seudo-psicodélicos a todo color recubrían las paredes en papel pintado entre las que estaban un mueble del que surgía la misma máquina que tan familiar me era y las dos mujeres: una de pie y la otra replegada sobre si misma, alfiler en mano arreglando la falda de la primera, o quizás creándola.

Decía la noticia recortada algo del tipo de que no sólo minero debería de ser el hijo del minero, si no que nuevas profesiones daban paso a nuevas formas de buscarse un porvenir y aquella mujer que tanto yo conocía era de las primeras que habían dado el salto al trabajo más allá de las labores domésticas: era modista.

Si además aquel reportaje hubiera salido en una revista de nuestra época diría que era el fruto de la tenacidad de un disminuido físico por alcanzar un empleo y un lugar en la sociedad, pero entonces, de ello no se decía nada.

El otro día vi una película que me hizo pensar. Era una versión vieja de la vida de Coco Chanel, famosa diseñadora de la que puede que algunos recordemos algún tipo de traje y casi todo el mundo el famoso "Número 5".

Más o menos la vida de esta mujer estaba ligada a una aguja y a una máquina de forma similar a la de esta primera de la que hablábamos. Coco decían que surgió como quien cosía aquellos perifollos de finales del XIX que darían paso a comienzos del XX a la liberación de la moda femenina en pos de una mayor comodidad y un menor lucimiento de maniquí que sufría las inclemencias de la moda imperante en el momento. Con el tiempo se convertiría en la elegancia de la mujer y el símbolo de la comodidad.

Una de las cosas que se pueden extraer de la vida de las dos mujeres es que un modisto o modista no es simplemente alguien que dicta las normas de lo que se lleva y lo que no se lleva si no que es, ni más ni menos, quien es capaz de vestir a una persona, sea esta como sea.

¿A que viene todo esto?

Bueno... hace años que rescate la máquina de coser de mi abuela de la podredumbre del gallinero. Funcionaba perfectamente pero sólo hacía puntadas rectas. Era una máquina muy antigua.

Ayer compré mi segunda máquina de coser -la primera fue de juguete que me regalaron de niña y fue devuelta a la tienda porque no funcionaba bien y cambiada por una batería de cocina y un diccionario enciclopédico: un juguete demasiado caro como para que encima no funcione-.

Llevo todo el día arreglando bajos y bolsillos de pantalones, rematando costuras de camisas para que no se deshilachen y comprobando las múltiples funcionalidades de la maquinita que ayer entró en casa para situarse sobre el mueble de la antigua cosedora de mi abuela, oculta en su cajón, a la espera de que vuelva a utilizarla.

Y sonrío. Tal vez sea porque me he quitado las ganas de aquel juguete ya estropeado en su envoltorio nuevo de la infancia o tal vez porque le veo la enorme utilidad que el aparato tiene, más allá del simple entretenimiento. Basta con ser una mujer de cuerpo "distinto" -pesar más de 60 kilos o medir más de 1'70- para darse cuenta de que la ropa que se puede adquirir en las tiendas por dos duros nunca es una buena inversión.

¿Por qué? Cuando se ha probado la ropa hecha a medida, se conoce cómo debería de sentar una prenda y, pese a que te insistan en que es tu talla en esa boutique tan cara, cuando notas que te sale un bulto en la espalda de la chaqueta o que te tiran las mangas, sabes que esa prenda no es para ti.

Hace un tiempo descubrí en un cajón una carpeta verde ajada por los años. En su interior un completo curso de costura explica con maniquís de aquellos años 50-60 cómo coser desde un botón a un chaquetón pasando por una camisa o unas enaguas de las de entonces.

Desconozco si la camisa que me cosa quedará como las que hacían aquellas dos mujeres, pero sin duda puedo decir que quedará mejor que cualquiera de las que se compren en cualquier tienda, páguese lo que se pague por ellas. Más que nada porque estará hecha para mí desde el principio y será mi talla, evitando así las frustraciones de haber adelgazado nueve kilos y que la talla más grande de la tienda no te baje de la cabeza.

Hoy hice una llamada telefónica y al decir "Ya puedo hacer Zig-Zag", la mujer del otro lado de la línea estalló en grandes carcajadas.

La mujer que hoy se reía no era Coco Chanel pero siempre vistió a los demás y a si misma lo mejor que pudo y me inculcó las ganas de querer saber, querer poder hacer cosas y querer aprender.

Es mi madre y hoy, todo un achaque de los años, se reía porque su hija emulaba sus quehaceres antiguos en esta época en la que más vale tirar y comprar nuevo que remendar y recoser.

Está claro que madre no hay más que una,
que si hubiera más... íbamos de culo :-D


Mañana descoseré y coseré de nuevo ese bolso de tejano que ha quedado mal y le contaré la peripecia para que siga riéndose :-*

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

sábado, 4 de julio de 2009

Hiroteces

Hiro tiene curro.

Es raro, pero ya lo pensaba hace tiempo que, con lo rara que es la vida con ella y esa tendencia a que todo sea al revés de lo que pasa normalmente, cuando todo el mundo se queda al paro, ella empezaría a currar.

Y dicho y hecho. Pero esa es otra historia que ha de ser contada en otro momento.

Madre cibernética progresa adecuadamente y tiene días en los que daría miedo al mismísimo Terminator, pero sólo le falta quitarle las grapas para mandarla para casa, así que ya está nueva, al menos en otra bisagra.

Y con ese cristo montado de adaptación a trabajo nuevo y visitas diarias hospitalarias, Hiro tiene dinerín que malgastar -sólo un poco que está la cosa muy dura- en las rebajas.

Nada por aquí, nada por allá, esto mola pero no hay talla,
esto está hecho un asco...


¡OH! ¡Cómo me gusta este trapito para ir a la playa o estar
fresca por casa! Mmm, seguro que no hay talla...
Ah, pues sí que la hay. A lo mejor me vale y todo...
Pues sí...


E Hiro salió feliz de las rebajas con un trapito fresco a un 40% de descuento.

El viernes, tras recorrer tropecientos kilómetros por la costa asturiana viendo el mar cual bañera de casa y con un calor de morirse, Hiro decide estrenar su trapito fresco yendo a remojar el merucu. Y ¡cuán fresco era el vestidito playero de Hiro!, pero...

...Ostras. Ahora que lo pienso... Fresco es, con sus
tirantitos y su algodón, pero... Mekawen todo.
Si lo compré en una tienda donde sólo hay bikinis y lencería...
Mmmmm, ¿desde cuando estas tiendas venden vestiditos?

Y en medio de la playa, como en uno de esos sueños que a todo el mundo desconciertan y aterran pero convertido en realidad, Hiro se percató de que su vestidito fresco era en realidad un camisón.

Pero... ¡qué fresca está una en la playa en camisón!

Nunca se sabe, a lo mejor pongo de moda la lencería a la vista: si todo el mundo quiere a Superman y lleva los gallumbos encima de los pantalones, ¿por qué no puede una ir en "traje de noche" a la playa? ;-)

Etiquetas: , , , , , ,

domingo, 10 de agosto de 2008

Diálogos sumergidos

Le contaba un pez, con un sileno dentro, a otro pez, al lado de la cáscara de cuyo interior brotaba el árbol de los peces, que en la orilla de un mar había visto al pájaro, dentro del cual vivía el hombre, dándole la mano a la mujer arrodillada en la cáscara de una jibia.

Atónito ante el suceso, el otro pez, no supo qué responder.

peces, fish


La cuestión es: un dibujo automático, es decir, tirar líneas por tirarlas y seguir los trazos con lo que sugieran los primeros a quien lo haga. Sobre el dibujo, inventar una historia.

¿Alguien gusta?

Etiquetas: