Dánae se las trae: por un lado la transparencia del velo no la acabo de conseguir. Voy a tener que hacer transparencias sólo a ver si lo acabo pillando.
Esta claro que el estrés da para mucho, y si no, ver la lista de producción: la Maternidad, Retrato de Frida con Collar de Espinas, este trocito de El Beso y el inicio de Dánae que se terminó en junio.
He encontrado a mi profesora de dibujo del instituto y comentándole que pintaba, me decía que no debía "copiar" obras de otros, pero sinceramente, creo que es una buena forma de aprender. Sin Klimt, nunca hubiera accedido a pintar una piel con otros tonos que no fuera los propios de la carne, ni metido azules ni verdes. No hubiera aprendido a hacer esos sombreados tan impresionantes, ni esos contornos increíbles, por no hablar de las caras.
Nos volveremos a ver, seguro que tiene muchas cosas interesantes que seguir contándome.
Nunca fui a clases, simplemente me picaba la curiosidad por cómo se hacían las cosas. Me pica la curiosidad.
Y como los niños, sigo investigando y aprendiendo, a veces a base de prueba y error y otras veces simplemente aprovechando los errores para crear cosas nuevas. Nunca sabes lo que puede salir de una pincelada mal dada (oh, un sfumatto!) ni de un goterón de pintura que se escapa (anda, reflejos de agua!).
Así que si mi experiencia sirve de algo, por aquí dejo el cómo he realizado una parte de Las Tres Edades de la Mujer de Gustav Klimt.
Lo básico es saber que todo parte de pocos colores: azul ultramar, carmín de garanza, tierra tostada, rojo escarlata, blanco titanio y amarillo cadmio.
Con esto se hace todo.
Un tutorial muy bueno sobre la mezcla de colores y los aclarados y oscurecidos de los mismos, lo podéis encontrar aquí:
Este hombre es muy bueno y creo que lo voy a considerar el único profesor de pintura que he tenido nunca, a parte de los libros.
Con eso y el consejo de no utilizar nunca un color negro tal y como viene en el bote -porque no es un pigmento propiamente dicho como los naturales y reacciona raro al contacto con barnices de protección, dejándonos un churro de impresión-, ya os podéis lanzar a la piscina.
En caso de necesitar un color negro: carmín de garanza con azul ultramar y tierra sombra tostada. Eso hace maravillas.
Lo primero es trasladar al lienzo la idea. En este caso era esta versión cortada de la obra "Las Tres Edades de la Mujer" de Gustav Klimt.
Parecía sencillo. Y más o menos, lo fue. Sólo hay que tener en cuenta un par de cosillas: que Klimt venía de la pintura impresionista con un estilo muy propio y que en ese tipo de pintura nada es lo que parece. Los colores se alteran, las proporciones, las ideas... y si a eso se le suma la corriente simbolista en la que se puede adscribir este autor, tenemos un caldo de cultivo interesante. Básicamente: olvidad todo precepto conocido de la carne es carne porque aquí hay tonos amarillos, verdes, blancos, morados y un montón de cosas más.
Primero lo llevamos al lienzo. Por el método de cuadrícula es lo habitual, pero no soy muy dada a esto si no a aplicar el ojo y la tecnología disponible.
Os explico más adelante.
Lo primero, el esbozo a lápiz. Ésto nos da una idea de por dónde van las manchas de color.
Luego un primer... ¿borrador? Vamos, metiendo bases de color, que nada tendrán que ver con el resultado final, por cierto.
Esto define los espacios donde más o menos irá la pintura definitiva.
Con una foto del cuadro que llevamos y con una imagen del que queremos llevar al lienzo, sólo tenemos que hacer una comparación en un editor de imágenes para saber dónde nos estamos confundiendo.
Por ejemplo, con el Gimp, software libre con una potencia muy interesante, al nivel del Photoshop.
Esta imagen que os dejo es de otro proyecto pero podéis ver por donde van los tiros.
A la derecha el original. A la izquierda la misma imagen original con una foto de lo que estoy haciendo superpuesta. Básicamente se duplica la capa y el ancho del lienzo para que se puedan poner tal que se vean las dos imágenes y se pega una capa nueva con nuestra foto encima. A esa capa se le baja la opacidad para ver qué hay detrás y ya vemos por dónde nos hemos equivocado para hacer las correcciones de dibujo oportunas.
Creo que es más concreto y útil que el método de cuadrícula habitual y si se trata de realizar una reproducción totalmente fiel, es muy efectivo.
De esta prieza de Klimt no guardé esta comparativa, no hizo falta. Es bastante sencillo pese a lo que pueda parecer.
A partir de esas manchas que hemos hecho, lo siguiente es ir dando forma definitiva y volumen.
Un consejo: es bueno pintar desde el fondo hacia adelante y lo último que se da es el color blanco. ¿Por qué? Porque si realizáis un trabajo que consideráis bueno, pongamos en la cara y al hacer el fondo, se nos cae pintura encima, trabajo por tierra.
Mi técnica favorita es el uso de un pincel semiduro en seco. Y esto que se ve aquí es (era) mi mejor pincel. Con él se acabó esta pieza.
Está destrozado. Literalmente.
Para las manchas de color básicas, se añade a la mezcla unas gotas de esencia de trementina mezcladas con aceite de linaza (yo meto proporción 1 de trementina, 2 de linaza), para que haga la pintura más fluida y extensible.
Al día siguiente, comienzo a meter los volúmenes y colores que darán la forma definitiva con ese pincel seco. Es como una sesión de maquillaje aplicable a cualquier cosa que se añada al lienzo.
Un ejemplo en el de Frida que visteis antes. De esas bandas, se procede al modelado.
Ese pincel seco hace que la pintura sea más controlable y lo hace fundirse con la capa de abajo sin transiciones visibles. Lamentablemente del Klimt no tengo la sesión de maquillaje. Me pudo el ansia pictórica y no lo documenté.
Al día siguiente, se dan los detalles: modelado de labios, pestañas, pelo y todos los pequeños detalles que hay "por encima".
Lo último que se ha añadido a esta pieza es el color dorado. No lo he realizado como en los originales, aunque me pica tremendamente la curiosidad sobre cómo quedará el pan de oro y sobre todo, cómo llevarlo a cabo. Aquí básicamente se pintó con un barniz dorado soluble en aguarrás.
El efecto no es perceptible desde de frente pero sí desde otros ángulos de vista pero queda así de bonito.
Y con todo esto, el resultado es esto:
Algún detalle:
Y te quedas así como con cara de "OH, ESO LO HICE YO?!!?!?!?!"
Por último, sólo una cosa más: cuando se pinta, haced caso de los impresionistas y aquello de que las imágenes se forman en la retina y son una suma de colores. No os rompáis los cuernos intentando hacer algo "perfecto" ni "perfectamente liso y volumétrico" pues la perfección sólo se aprecia cuando se ve desde lejos. ¿Tenéis los cuadros de casa colgados y los miráis a dos centímetros o los veis desde un metro o más?
Pues eso, de vez en cuando es bueno posar el pincel, dar unos pasos hacia atrás y ver en conjunto qué es lo que se está haciendo.
Eso y enamorarse de cada cosa que se pinte es el truco.
Me moría por hacer esto así que fui a ver a Nando y a Cari y me explicaron cómo y hoy me he puesto, hasta las cejas.
Ayer mordenté a dolor y hoy, no me aguantaba más y a poner hojas:
Me fallaron varias cosas por las prisas pero es que no me aguantaba: el hierro sólo llevaba dos días cuando necesita estar una semana, la tara para el fondo se hizo en frío en lugar de en caliente y no aparecieron esos azules tan guapos...
Al usar lo que había por casa... los helechos no tiñen bien, la paniculata deja pintinas, que con el hierro hubieran quedado mucho mejor, pero hasta la palmera lo intentó y lo del eucalipto, mola.
Hubo resultados interesantes y el arce, da igual en el color que tenga la hoja, queda de un dorado precioso, al menos en estas condiciones.
Hubo resultados interesantes pero ante un descosido... nunca falta un roto y...
Mezclamos dos cosas interesantes: caligrafía japonesa (hana, flor, es lo que pone) y ecoprint y el resultado fue de lo más interesante.
Es curioso los efectos que genera el carbón sobre la imprimación de las hojas, es como una pintura de oro.
Si se hace eso, hay que echar laca encima que el carboncillo una vez seco, se esparce...
Este cuadro va más lento que un día sin pan. Hoy lo he cogido de nuevo y le he pegado un meneo a la parte del telar probando el uso de las transparencias.
Es un asquete por lo de mezclar el barniz con la trementina e ir probando el grado de transparencia del color, pero los resultados son asombrosos: si pintamos un cuadro con óleo opaco sin más, se le pueden dar profundidad, volúmenes sombras y lo que queramos, pero si además le metemos capas de pintura transparente sobre lo ya pintado, la gama de colores aumenta considerablemente al permitirnos aplicar sobre un fondo ya pintado otras tonalidades que permiten ver lo que ya había pintado fundiéndose con ello.
Por el momento sólo lo he aplicado en las maderas del telar, en el reflejo del espejo, la silla y la devanadora, que tiene los hilos sin detallar. Eso lo dejamos para lo último.
Tengo unas ganas tremendas de probarlo en el vestido que es donde mejor se puede usar a la hora de conseguir diferentes calidades en las telas, o al menos es lo que siempre me llamó más la atención de los cuadros que había visto.
Mañana estará seca la parte "transparentada" de hoy y podré seguir con el resto. Le faltan mil y un detalles y quiero reformar la cara.
Nada más mareante que dibujar ese suelo. Brrr. Hay que corregir la perspectiva del espejo en el telar y creo que todo el cuadro está torcido porque mi soporte no sujeta bien. Habrá que forrarlo con algo. Aun así, tiene buena pinta :-)
Todo lo que pinté hasta ahora no llevaba color negro.
El motivo es más que justificado -y erróneo desde mi punto de vista-: he leído en más de un libro / manual de pintura -historia de la pintura- que los grandes pintores -impresionistas- realizaban sus pinturas sin el uso del color negro porque las sombras son en realidad un oscurecimiento de los colores circundante y no la aplicación de dicho color.
Pues va a ser que no.
Siempre echaba de menos algo en todo lo que he pintado y era la sensación de profundidad y volumen. Por más que me rompiera los cuernos intentando generar una sensación volumétrica sin usar el color negro, no lo conseguía. El que más llegó a acercarse fue Rosas Silvestres, en el que utilicé para lograr los tonos oscuros una mezcla de Azul Prusia y Sombra Tostada. Así es que al mezclarse con otros colores, el azul se comía los otros tonos mezclándose con ellos, variando la tonalidad hacia los azules. No está mal pero seguía faltando algo.
Hoy me han dado un buen consejo: métele negro. Fue la solución y lo que llevaba buscando desde hace tiempo, llegando a conseguir esto a la segunda sesión de pintado:
No está mal. No me acaban de convencer las flores pero eso lo voy a dejar para una tercera sesión junto con la corrección de algunos detalles como el culo de la jarra que tiene una forma un poco extraña. Sobre la madeja de lana, a ver qué puedo hacer.
La bobina de madera oscura me gusta mucho, igual que el efecto de la tela azul y los bordados de la misma.
Me da que gracias al uso del color negro, le veo muchas posibilidades a un sin fin de cosas que ya me están bullendo en la cabeza y cuando termine este "Bodegón de Filandera", retomaré uno que tengo por ahí aparcado, usando este nuevo recurso llamado color negro :-)
Erkenntniss des Tages ("Conocimiento del día" como dice Hape Kerkeling en "Ich bin dann mal Weg"): Por mucho que lo diga en los libros, experimenta primero para decidir lo que es bueno o no.
Casi mejor lo llamamos "filigranas" porque es lo que hay que hacer para tejer este mamotreto.
Después de haber tejido un par de chales sencillos, necesitaba algo un poco más complicado pero se me ha ido la mano: es con mucho la cosa más complicada que he hecho hasta ahora y es que toditas las vueltas tienen detalles, nada de vuelta al revés después de hacer una al derechos con mil cosas...
En fin, que no veía las ganas de terminarlo, pero ha quedado bien :-)
En Ravelry aquí y el patrón se llama Damask. No lo recomiendo a principiantes ni de coña.
La llamaban la Dama de Shalott pero lo que pocos conocen es que es la gran dejada de lado en la historia de los cuernos del Rey Arturo: mientras que Ginebra se iba de pendoneo con Lancelot y el otro se mosqueaba, lo que no sabía ella, ni el rey, es que el Don Juan ya estaba casado y tenía a su señora tejiendo su desgracia mientras que él estaba de picos pardos. Al menos eso fue lo que un trovador inglés me contó.
Otras historias dicen que era una doncella encerrada en una torre que veía el mundo reflejado en un espejo, donde se enamoró del galán, y, cuando miró a la realidad, el espejo se rompió y ella supo que había llegado su hora de morir...
Me quedo con la versión del hijo de la Pérfida Albión.
Lo de las temáticas románticas de mis pintores favoritos es como las historias chinas de hoy y siempre, al final siempre acaban mal, pero ¡me gustan tanto!
La pintada está sólo esbozada pero ya apunta maneras y cosas nuevas aprendidas, como por ejemplo que las imágenes reflejadas en un espejo -el redondel del fondo- han de ser pintadas más claras de lo normal -si son un primer reflejo- y que hasta los grandes maestros se permiten licencias creativas, como la flor existente en el reflejo del cuadro real, pero inexistente en la escena real.
Hoy volví a estar un poco triste, así que pinté un poco.